Una de las criaturas más trascendentes del mundo dejó el reino de los vivos hace 110 años. Murió en combate por haber sabido ser el mejor revolucionario del siglo XIX en América, y sin dudas su mejor intelectual. Y no como muchos dicen, para buscar muerte heroica.
Nos dejó a todos sin respuestas frente a su enigmática profundidad en relación a los eventos sociales de su época y todavía no entendemos como logró concebir que la revolución, para ser cierta, debería transgredir las fronteras nacionales.
José Martí no fue sólo pionero del modernismo literario, que le obligó decir nada más y nada menos que a Rubén Darío ¡Maestro que has hecho!, cuando hizo lo que tenia que hacer... al morir en Dos Ríos. Martí fue el promotor intelectual del sentimiento de continentalidad y de internacionalismo que han inundado estas tierras. De hecho consideró que la obra más imperecedera de Carlos Marx era la Internacional. De haberse conocido estos hombres hubiesen coincidido al primer saludo.
Es verdad que el Libertador Simón Bolívar sentó las bases para la Patria Grande, pero Martí le dio a esta unión contenido social, pertinencia política, y sobre todo inevitabilidad ética. La unidad americana no fue concebida por él a través de gobiernos sino de pueblos. No confiaba en los gobiernos latinoamericanos que se preocupaban ya desde entonces por estar a tono con reglas heredadas de países viejos o trataban de imitar al Norte revuelto y brutal y no eran entonces capaces de promover esa nueva forma de hacer política.
Llamó a América a declarar su segunda y verdadera independencia. No más que la independencia social y económica que clamara Carlos Marx desde Europa. Ambos no lo supieron jamás...
De rodillas estarían los eruditos europeos, cual si se tratase de un Hegel o un Rousseau si en lugar de en América y de ser un pertinaz político, José Martí hubiese nacido en la ya asustada Europa, y si su vida estuviese dedicada al estudio pacífico de la filosofía contemplativa.
La filosofía de la praxis que perfiló exquisitamente Antonio Gramcsi y que hizo cumbre en América con el Che Guevara, tuvo cuna de alguna forma en el pensamiento de José Martí. Es más, como ha dicho Armando Hart repetidas veces la filosofía en América nació desde su mismo inicio como instrumento de la práctica. Martí fue su más elaborado exponente. La lucha que fue para Carlos Marx su idea de la felicidad, para José Martí fue tan sólo el sentido de su vida.
Y entonces ahora, al cabo de tantos años todavía nos quieren ofrecer un José Martí envuelto en una estrecha bandera nacional y cantando la rosa blanca. ¡Es criminal. ¡Claro que fue un romántico!, pero tan sólo por constituir el romanticismo el medio más agudo de penetrar en las mentes y los corazones y hacer del deber la más feliz de las alternativas.
Nunca antes se dieron la mano la acción, la ideología y la poesía como en este pequeño hombre que hizo morir de amor a más de una doncella, y que al mismo tiempo apuñaleaba con el filo de sus palabras las doctrinas del enemigo.
Los enemigos de la patria cubana siempre han sido los mismos. Creo que ni el calzón se cambian. Utilizan el mismo lenguaje inconexo, y se alían a los poderosos para tratar de sacar, a costa de dinero, el valor y el pensamiento que les falta.
Por eso no debe extrañarnos que unos cien enemigos de José Martí fusionados en 365 organizaciones llamen a un par de europeos para reunirse y decidir el "futuro democrático" de la isla de Cuba. ¡Democracia!... Ya con el caso de Posada Carriles hemos tirado al estercolero de la incoherencia la palabra "terrorismo", deberíamos hacer lo mismo con unas cuantas más.
Han tenido que llamar a diputados europeos para que les ayuden a resolver el "futuro" de Cuba...
Sí, los extranjeros de valor se han dado siempre en Cuba abrazo y han tenido el honor de decidir nuestros destinos como dudo haya ocurrido igual en otro país.
Desde el indio Hatuey, el Inglesito, y sobre todo Máximo Gómez que este año anda cumpliendo centenario de su muerte y que fue ese general generoso que confío en Martí como organizador de nuestra segunda guerra de independencia, a pesar de su juventud. ¡Para ya no hablar de aquel argentino que no sólo intervino en nuestras luchas emancipadoras, sino que tuvo a bien diseñar modelos económicos, para hacer avanzar a la república de Cuba y con ella también al socialismo mundial!
Nuestra historia está llena de europeos, que a diferencia de estos escuálidos diputados dieron su fuerza, su corazón y su vida por "mejorar el futuro de la isla" y me da mucha pena, por ejemplo con la enamorada España de la que muchos de sus mejores hijos sí dieron sus impresionantes aportes a nuestra felicidad. Una vez que terminó de manera triste su revolución, los cubanos heredamos sin dudas muchos de sus audaces conceptos organizativos para nuestro Movimiento 26 de Julio, que anda cumpliendo 50 años.
De Alemania habrán venido algunos que ni de Carlos, ni de Rosa, habrán leído una palabra. Alemania por más de una razón forma parte indisoluble de este país. Mas, por alguna rara razón, quiero detenerme en Polonia. Carlos Roloff deberá estar enfermo de dolor en su muerte ante tanta ignominia, desvainando feroz su machete. Él sí tuvo el derecho de intervenir en nuestros asuntos. Confiamos lo suficiente en su amor, para otorgarle por derecho constitucional a erigirse Presidente, siendo extranjero... Por eso es el valiente polaco Carlos Roloff, entre otros, quien custodia en Cuba el honor de Polonia, ¡Es esa la Polonia que está con nosotros! ¡Y la Cuba de José Martí; esa irredenta república internacional, es la que está al lado del pueblo polaco!
A ese pueblo que no le bastó sufrir guerras imperiales, intervenciones, campos desoladores de exterminio humano, sino tuvo que sufrir una burocracia estalinista feroz, herencia indiscutible de la sociedad que hoy quiere embrutecer a ese pueblo, enajenarlo, empobrecerlo y ahogarlo en la miseria como una triste criada de Europa.
Los cubanos le debemos mucho a Carlos Roloff, y no lo decimos lo suficiente, pocos confiaron tanto en José Martí como ese bravo guerrero, y en pocos confió este como en el bravo polaco, que no tuvo que aprender mucho castellano para poder ser teóricamente nuestro presidente.
¡Mucho de la historia del mundo hubiese cambiado si Carlos Roloff hubiese llegado a la silla presidencial! Poco hubiesen hecho los yankis con ese martiano medular en el poder.
Y al recordar lo que él hizo por Cuba, y de la forma única en que ayudó a José Martí, los cubanos sabemos que la valiente Polonia no está representada por esos tipejos que tuvimos a bien montar en un avión de regreso, sino por hombres y mujeres derechos, que amaron a Cuba y a su revolución como suyas y tal como lo hizo Roloff intervinieron en nuestros destinos, sin tener que mirar una sola vez sus pasaportes, y sin tener que solicitar un solo centavo.
Dijo Martí refiriéndose a Carlos