Cuba

Una identità in movimento


Dos momentos de la esclavitud blanca en Cuba

Marta Gomez Ferrals


El 6 de marzo de 1854 el puerto de La Habana estaba singularmente animado con la llegada de la primera partida de colonos gallegos que, bajo la consigna de un proyecto denominado "Salvación y progreso para España y Cuba", venían contratados supuestamente para trabajar la tierra en la Isla.

Las emociones del recibimiento, en el que hubo vítores, desfile de los colonos con sus atuendos de labradores y hermosas tonadas de las campiñas de Galicia, quizás paliaron un tanto las angustias de aquella pobre gente, campesinos asolados por una dura travesía en condiciones de hacinamiento, maltratos, hambre y enfermedades que habían diezmado su número.

La naciente empresa, fruto de la tozudez y ambición del diputado a cortes gallego Urbano Feijóo Sotomayor, bajo los sellos de legalidad y el respaldo del gobierno colonial, escondía los más crueles y bajos intereses, pues sometió a aquellos infelices al trabajo esclavo, como a los antecesores grupos de culíes chinos que habían empezado a arribar a Cuba desde 1847 y los bozales de origen africano.

Abundando en esta historia poco conocida, diremos que para salirse con la suya el señor Feijoo había enfrentado y todavía lo hacía, la tenaz oposición de la oligarquía criolla de la Isla, cuyos representantes seguían prefiriendo el trabajo de los esclavos africanos, que había sido la principal fuente de sus riquezas, principalmente en el siglo XVIII y principios del XIX.

Pero a mediados del XIX, ese mundo ideal para la economía de plantación y la sacarocracia criolla estaba en peligro por más de una razón. En primer lugar, a nivel internacional y encabezada por Inglaterra había una verdadera batida contra la trata de esclavos, ilegal desde 1830, pero que hacendados antillanos y traficantes negreros continuaban haciendo contra viento y marea.

Dicho sea de paso, no eran sentimientos filantrópicos los que inspiraban a los ingleses, sino más bien su interés en conservar dentro de Africa su propia fuerza de trabajo, en tiempos en que su expansionismo los había llevado a la colonización de ese continente.

Por otro lado, algunas epidemias de cólera habían hecho estragos entre los negros africanos y además, subyacía el temor, siempre latente y soterrado de que se debía conservar el equilibrio étnico, entre blancos y negros, para prevenir explosiones sociales del modelo de la Revolución de la vecina Isla de Haití.

Cuando se pensó en buscar sustitutos para lo que había sido hasta ese momento la muy segura y barata mano de obra del esclavo africano, se pensó que al menos en teoría a los nuevos trabajadores no se les podría tratar como a los bozales, cuya condición de sometimiento al amo era de por vida, a menos que alguno entre miles tuviera la suerte de poder comprar su libertad al cabo de los años.

Se empezó la introducción de culíes chinos y de yucatecos. Los primeros mexicanos que llegaron en condiciones onerosas a la Isla fueron prisioneros de guerra de una insurrección agraria en 1848, vendidos por el general Santa Ana.

En 1853 se aprobó el proyecto de colonización gallega propuesto por el antes mencionado Urbano Feijoo, que como ya dijimos se empezó a cumplir a partir de 1854, dándose por terminado al año siguiente, debido al escándalo que provocó. Al fin y al cabo, aunque era gente pobre y desamparada, se trataba de paisanos de los propios gobernantes de la metrópoli, quienes se vieron obligados a zanjar el asunto.

El programa inicialmente propuesto por Feijoo en 1853 pretendía tener vigencia de 15 años, en los cuales con sucesivas series de "contrataciones" se sustituiría el trabajo de los esclavos de origen africano y


"... se dispondría de un hombre inteligente, fuerte, obediente, cuyo trabajo debe ser superior al del esclavo".


El empobrecimiento de ciertas regiones españolas como Galicia, vino a ayudar a los deseos de este hombre de negocios gallego. Lo cierto era que había miles de labriegos hambrientos y desesperados que se vieron tentados a venir a hacer la América, enrolados en la capitalista empresa de Feijóo.

Hay que decir que la emigración de peninsulares pobres, con carácter de decisión individual era algo que venía produciéndose desde principios del XIX. Era gente que iba a parar la mayor parte de las veces a los confines de los campos cubanos, para acabar casi tan empobrecidos como vinieron, salvo los contados que se hicieron hombres prósperos.

Como ya dijimos, la empresa que se le confió a Feijoo en documentos no contemplaba el trabajo esclavo. Pero en la economía y sociedad cubana de la época, cimentadas en la plantación no se conocía otra relación que la de amo y esclavo y no tenía cabida otra forma de producir riquezas. No se quería optar por una manera diferente y el pensamiento conservador y reaccionario del esclavista tradicional se negaba a cambiar.

Ello explica que se recurriera al engaño y a la violencia, tanto con los culíes chinos y yucatecos, como con los supuestos colonos gallegos.

A estos últimos desde su desembarco se les organizó en tercios y en partidas, bajo la mano férrea de capataces. Debían recibir 10 pesos mensuales, ropa y comida. A los cuatro o cinco quedarían libres del contrato. A cerca de mil 800 gallegos se les llevó a "aclimatarse" en varios cuarteles de pobladitos de campo cercanos a las ciudades, organizados en pelotones.

Los malos tratos, los abusos y la violencia fueron el pan nuestro de cada día. Las enfermedades tropicales se cebaron en ellos. Empezaron a dejar de pagarles los salarios, a dejar de darle el vestuario prometido. Los pocos colonos que se les permitió escribir a sus familiares o que tal vez lo hicieran a escondidas hablaron de golpeaduras con palos, castigos en el cepo, hambre y hasta muerte por sablazos.

La organización de su trabajo y su relación con sus supuestos empleadores eran en la práctica los de la esclavitud, sin ningún tipo de dudas. Por otra parte, muy pocos hombres de industria, sobre todo azucareros, pidieron a los colonos gallegos para que trabajaran en sus propiedades. Intuían que el maltrato a estos hombres de los cuales algunos hacendados eran paisanos no podría durar mucho.

Los colonos que pensaron trabajar la tierra en la Isla, fueron obligados, incluso con represión y violencia, a trabajar en obras del ferrocarril. Feijoo, al tener que asumir los costos de esta gente que casi nadie pedía, siguió incumpliendo sus compromisos. Semidesnudos y descalzos se vieron algunos. Comenzaron actos de rebelión, cimarronaje y suicidios, como era de esperarse.

La opinión pública se sensibilizó con el infortunio de los compatriotas de muchos habitantes de esta isla y el proyecto del negociante gallego fue muy criticado.

En septiembre del propio año 1854, con la llegada del capitán general José Gutiérrez de la Concha, se suprimió el trabajo forzado del ferrocarril. Esto dio el golpe de gracia al negocio del proyecto de Feijoo. Se desviaron algunos cientos de los sobrevivientes, los mejores, al trabajo de obras públicas de interés de la metrópoli.

En 1855, colonos con experiencia militar se incorporaron al ejército español. El proyecto "Salvación y progreso para España y Cuba" se dio por fracasado. En total llegaron a hacerse ocho expediciones entre marzo y agosto de 1854. En julio de 1855, a los peninsulares se les dio la libertad para establecerse donde quisieran o pudieran, diríamos nosotros.

Durante el resto del siglo XIX peninsulares provenientes de Canarias, Galicia y otras regiones pobres de España siguieron viniendo buscando suerte a la isla, pero no se volvió a intentar un proyecto masivo y supuestamente empleador como el de Feijoo.

Por cosas de la vida los gallegos volvieron a trabajar en condiciones de esclavitud en las primeras décadas del siglo XX, bajo la mano de capataces norteamericanos en las minas de hierro de Firmeza y Daiquiri, en Santiago de Cuba (zona oriental de la isla).

Allí se crearon dispositivos de coerción extraeconómica que hizo esclavos a un grupo de inmigrantes. Se dicen que eran esclavos, no sólo por la violencia y abusos a que se les sometía, sino por la forma de organización del trabajo. Ya aquí se trató de hombres que no pudieron contar con la protección de su gobierno.

Cuba había dejado de ser una colonia española para ser una república con fuerte subordinación a Estados Unidos. Como para contar en otro artículo.



La autora es colaboradora de Prensa Latina







Fuente: CUBARTE



6 de marzo, 2005


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