Cuba

Una identità in movimento


Juán Gualberto, hombre de libertad entera

Roberto Pérez Betancourt


Ofrenda floral depositada por miembros de la Union de Periodistas de Cuba en la tumba donde descansan los restos del periodista y patriota Juan Gualberto Gomez, con motivo del aniversario 73 de su desaparicion fisica. Foto: Randy Rodriguez PagesEste cinco de marzo [2006], Cuba conmemoró el aniversario 73 del fallecimiento del patriota Juan Gualberto Gómez y Ferrer, quien con su ejemplar ejecutoria a lo largo de ocho decenios conquistó por derecho propio un sitio venerable en el altar de la Patria.

Nació libre por la voluntad de sus padres esclavos Fermín Gómez y Serafina Ferrer, quienes compraron el vientre de la madre antes que llegara su hijo el 12 de julio de 1854, en la finca Vellocino de Oro, Sabanilla del Encomendador, provincia de Matanzas.

Arribó libre al mundo de barracones y cañaverales, pero en el patio de castigo de la hacienda sus ojos se llenaron con imágenes de sus hermanos negros uncidos, las manos apresadas y los pies descalzos, mientras las espaldas se les doblaban bajo el látigo del mayoral español.

Durante sus primeros diez años el niño fue asimilando aquella injusta realidad hasta comprender que para ser libre era menester mucho más que una carta de manumisión bajo un régimen colonial esclavista.

Siete meses después del inicio de la Guerra de Independencia — 10 de octubre de 1868 —, el joven fue enviado a París con el objetivo de aprender el oficio de carruajero, ayudado por Doña Catalina, dueña del ingenio donde había nacido, y los ahorros paternos.

En Europa Juan Gualberto conoció el pensamiento revolucionario francés, fue testigo de las revueltas que condujeron a la Comuna de París. Allí nació en él la vocación periodística y creció la de político y patriota abierto a nuevos horizontes humanísticos.

Biógrafos destacan la influencia que Francisco Vicente Aguilera, vicepresidente de la República en Armas, ejerció en el emigrante cuando este le sirvió de intérprete en Francia, a donde el primero había llegado en procura de ayuda para la revolución en Cuba.

José Martí y Juan Gualberto se conocieron a finales del año 1878 y entablaron una amistad basada en principios de rechazo a cualquier otra alternativa de separación de España que no fuera la plena independencia de la patria.

Ya en Cuba y como resultado de sus actividades conspirativas, fue deportado a España, guardó presidio en Ceuta y se mantuvo firme en sus principios. En 1882, sin imposiciones arbitrarias, fue liberado y se estableció en Madrid, donde prosiguió su labor periodística y revolucionaria.

Cuando el endurecido patriota retornó a Cuba en 1890 se puso a las órdenes de José Martí para preparar la Guerra Necesaria, segunda etapa de la batalla en pos de la Independencia.

El historiador José Ramón González señala que

    "... a partir de 1892, Juan Gualberto se convierte en el hombre de confianza de Martí en Cuba. Tendrá en sus manos los hilos conspiradores y dará a conocer sus dotes de astucia, inteligencia y fidelidad".

Por su parte el investigador Raúl Rodríguez la O subraya que Martí reconoció en Juan Gualberto

    "... al hombre capaz, confiable, que arrastraba gente y a quien la masa negra cubana seguía; de ahí que lo eligió como su representante y del Partido Revolucionario Cubano en la amada patria".

El 23 de febrero de 1895 Juan Gualberto partió hacia la finca La Ignacia, en las afueras de la ciudad de Matanzas, sitio de reunión de complotados en un levantamiento armado, para desde allí dirigirse a la cercana localidad de Ibarra, donde al día siguiente, como en otros lugares del país, darían el esperado grito libertario.

Pero la acción de Ibarra fracasó. Juan Gualberto fue apresado y una vez más deportado a Ceuta, en esta ocasión con una condena de 20 años de destierro por el delito de rebelión.

Aunque alejado de los escenarios de combate en su tierra, el espíritu rebelde del mulato culto no se amilanó y se dedicó a lo que desde siempre lo inclinó su vocación: Ayudar a sus compañeros de cautiverio.

Debido al fracaso en Ibarra sufrió muchas críticas. En su defensa salieron varios cubanos dignos como Julio Sanguily: ?Veo la infamia que con Ud. se comete? El único hombre que realmente reúne las condiciones para sustituir a Martí es Juan Gualberto. Sí. ¡Usted, y sólo Usted! Valor, gran inteligencia, sobrada instrucción y gran práctica en las cosas de este mundo? solo en su contra en esta sociedad, hoy tan corrompida, hay una cosa, su color?.

Con la caída en combate de José Martí aquel aciago 19 de mayo de 1895, en Dos Ríos, las riendas políticas de la Revolución cubana transcurrieron por senderos difíciles, que confluyeron en la oportunista intervención norteamericana en la contienda frente a España, con la intención implícita de anexarse a Cuba y adueñarse de otros de sus territorios coloniales.

La historia nos recuerda cómo el naciente imperialismo norteamericano logró su propósito de intervenir en la guerra hispano-cubano y tras la capitulación española introdujo condicionamientos que para los verdaderos patriotas, como Juan Gualberto, eran inaceptables.

Durante la pseudorrepública, Gómez mantuvo una actitud cívica e intransigente frente a las imposiciones imperialistas como la Enmienda Platt. Fue intransigente congresista y fundador del diario Patria en 1925 e integró la Academia de la Historia de Cuba





Fuente: Radio Cadena Agramonte, Camagüey
http://www.cadenagramonte.cubaweb.cu/historia/juan_gualberto.asp


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