Cuba

Una identità in movimento


Análisis de algunos puntos de estudiosos sobre la relación realidad histórica y realidad literaria en el poema Espejo de paciencia [1]

Eliécer Fernández Diéguez Semiramis López Rodríguez


"¿No sería realmente gracioso que todo el asunto
del Espejo fuese una broma, una superchería,
hecha con el propósito de dotar a nuestra
literatura del poema épico y los orígenes
venerables que le faltaban?
(Cintio Vitier)


¿Cuánta realidad y cuánta fantasía asisten a la obra Espejo de Paciencia? ¿Cómo se ha visto por los estudiosos la relación esencial que existe entre realidad histórica y realidad literaria en la obra atribuida a Silvestre de Balboa? Cualquier opinión no es más que eso una opinión. Una reliquia como el Espejo–brumoso ( o bromoso si pudiera admitirse como adjetivo calificador) es útil para comprender la cultura cubana en sus orígenes y más que la cultura para defender una identidad rica y fecunda que nos tipifica y hace, a la vez, diferentes de la universal.

¿A quién agradecer la entrada de este poema en la historia de la literatura cubana? En primer lugar, en el orden histórico: a don Silvestre el que se presenta como natural de Canarias y vecino de Puerto Príncipe, dos cualidades en un mismo misterio. Él como creador y José Antonio Echevarria el "poeta, narrador y erudito" según la calificación de Cintio Vitier,[2] quien ofreció las primeras noticias en el artículo donde comentara sobre la obra singular y valiosa del obispo Pedro Agustín Morell de Santa Cruz,[3] quien encontró la obra Espejo de paciencia. Este autor hace coincidir, desde sus valoraciones y lectura, tanto la historia de Morell como el poema de Balboa en una misma condición. No diferencia la realidad de la fantasía. Luego Néstor Ponce de León, un fiel amigo del autor de Antonelli, da una segunda carga al publicar en la Revista Cubana una disertación leída en la Sociedad Literaria Hispano–Americana de Nueva York en mayo de 1892 el que dice:


Considero este poema tanto más importante, cuanto que él solo representa todo el movimiento literario de Cuba desde su conquista en 1511 hasta mediados del siglo XVIII, es decir, 250 años, que á no existir ese poema, presentarían el vacío más absoluto. Después de este gran esfuerzo, las musas cubanas cayeron de nuevo en profundo silencio; acaso no fue así, acaso se escribió mucho y probablemente muy malo, pero nada he podido encontrar escrito desde 1608 [...][4]


Esta precisión está clara, la historia de acontecimientos políticos, económicos y sociales debe verse con una óptica y la historia de la literatura o la apreciación y crítica de las obras con otra. Treinta y cinco años después le permitieron a Carlos M. Trelles incluirlo en la segunda edición de la Bibliografía cubana de los siglos XVII y XVIII, con una visión hacia lo cultural y desde lo ficticio. Dos años pasan hasta el momento en que la Academia de la Historia publica la obra del Obispo Morel de Santa Cruz y dentro de ella la ficción balboana; siguiendo la visión de separar el documento literario-cultural de lo histórico José Manuel Carbonel lo incluye en el primer tomo de Evolución de la cultura cubana.[5] Por último está la afirmación que realizara en 1942 Felipe Pichardo Moya de que existen en el Archivo Nacional dos copias de Espejo... que no fueron encontrados por Cintio Vitier en el año 1975.

Otra visión distinta a la histórica e historiográfica ocurre en el análisis crítico de la obra. Los nombres iniciales en orden lógico e histórico para comentar sobre Espejo se encajan en un molde repetitivo Echeverría — López Prieto — Mitjans,[6] con un reconocimiento en sentido general del valor documental de la obra más que del valor literario. Le sigue la obra Antología de poetas hispanoamericanos de Marcelino Menéndez Pelayo quien en un acto paradójico desde el punto de vista del contenido de la reflexión, minimiza la obra al tildarla de "poemita" y a la vez exalta un valor indiscutible que ella tiene, el de la comunicación comprensible desde lo "castizo y fácil" del mensaje, hasta lo "anti–gongorino;" que era difícil de lograr en los escritores por las incidencias de las épocas en los autores.

En los albores del segundo decenio del siglo XX (1913), José María Chacón y Calvo en su obra Los orígenes de la poesía en Cuba; nos acerca a otro punto de vista de mucho valor para la historiografía literaria; insiste en la presencia del primer grupo literario cubano que se da a conocer: el grupo de Puerto Príncipe,[7] (segundo honor para los habitantes de esta comarca cubana: primera obra literaria Espejo de paciencia y el primer grupo de escritores que aparecen con sus obra en función de honrar a Silvestre de Balboa). Este crítico, estudioso y hombre de reflexión profunda, tampoco halla nada más de importancia en esta obra, ni siquiera el título.[8] A este autor le chocan tantos elementos que fueron muy bien analizados por Cintio Vitier; tuvo razón entre otras cosas en sus ideas las hipérboles y las fechas al estilo Ercilla en La Araucana, sin embargo se equivocó en lo relativo a la no presencia de lo cubano en la obra (como naturaleza y sobre todas las cosas como flora), porque lo cubano como nación aparece dos siglos y medio más tarde.

Un año después a lo recurrente en la obra Los orígenes de la poesía en Cuba; la crítica sobre el poema da otro giro, la responsable de ello fue Carolina Poncet, quien desde su tesis doctoral El romance en Cuba, pone en duda la "autenticidad del poema" e incluso la de la propia Historia de Morell de Santa Cruz.[9] Este cuestionamiento poncetianos e enriquece con las ideas del camagüeyano Felipe Pichardo Moya quien en 1942, escribe sin aceptar los preceptos de Carolina algunos ecos en sus Estudios críticos, luego Max Henríquez Ureña en su obra Bosquejo Histórico reafirma y cuestiona la idea presentada en su tesis por Carolina Poncet al situar al Motete como obra aparte y antecedente a Espejo de paciencia. Y sin llegar a pasar la mano asume una situación menos hipercrítica que Chacón y Calvo con relación a Silvestre de Balboa, a los sonetistas y a la obra, con todo el respeto que este autor merece; Max reconoce méritos de rimador a Balboa y lo ubica por encima de los otros sonetistas laudatorios, y junto al autor del Bosquejo otros como Juan J. Remos, Aurelio Boza Masvidal, Raimundo Lazo y Felipe Pichardo Moya se acercan a la obra con una visión favorecedora; demostrando con las diversas reflexiones e investigaciones que el autor principal del poema épico y los demás sonetistas laudatorios existieron, que tenían partidas de nacimiento, que no eran por tanto invención de Echevarría y que vivieron en Puerto Príncipe. La calificación de Espejo como documento testimonial de una época es a mi manera de ver el mayor acierto desde el punto de vista reflexivo de Pichardo Moya.


Este poema no puede envanecerse de un más alto linaje. Las vicisitudes de un Obispo lo inspiraron. Otro Obispo lo conservó para la posteridad, un tanto a la manera de las antiguas gestas castellanas, entre las páginas de la más antigua historia de Cuba conocida. Y se publica por primera vez después de más de trescientos años de haber sido escrito por sus autor, un Escribano de Cabildo de la villa de Puerto Príncipe, emparentado por su descendencia con el más noble y el más fuerte temple de los primitivos colonizadores de Cuba Vasco Porcallo de Figueroa, fundador de aquella villa y de la de Trinidad, Sancti Spíritus y La Sabana, cuya ausencia de la Isla cuando Hernando de Soto lo arrastró con él a la conquista de la Florida, escribió el Obispo Sarmiento al Rey que era el mayor de los muchos daños causados a la colonia por la empresa del adelantado.[10]


Las opiniones de Paula Coronado o de Trelles enriquecen la crítica sobre esta obra, pero el punto clave está en Cintio Vitier quien desde su libro imprescindible Lo cubano en la poesía emite juicios puntuales como:


Lo que suele considerarse un extravagante desacierto en el poema de Balboa — la mezcla de los elementos mitológicos grecolatinos con la flora, fauna, instrumentos y hasta ropas indígenas — es lo que a nuestro juicio indica su punto más significativo y dinámico, el que lo vincula realmente con la historia de nuestra poesía.[11]


A ello debo agregar que la universalidad de la obra se logra por esos dos elementos tan distantes y casi imposibles tratados por Balboa, lo muy conocido, reconocido o llevado y traído que se presenta al mundo desde Homero y lo desconocido pero interesante, más allá de cualquier exotismo, que se acriolla y poco a poco se cubaniza, el vínculo de lo universal y lo particular es una necesidad: con la mitología grecolatina se trae el mundo a Cuba y con la presencia de lo aborigen junto a lo anacrónico y distante se lleva Cuba al mundo. Una aparente paradoja que trasmite esencias más allá de las intensiones. Lo ilustre no se rompe con lo intrascendente sino que se mezcla en un todo. El sincretismo no es solo racial, ni de culturas concretas es como se presenta en el poema de lo singular y universal, para poner lo nuestro en el orden que necesita estar, para el bien de la cultura.

Otro elemento que a nuestra manera de ver el fenómeno nos demuestra que el punto clave para la reflexión está en Vitier: cuando descubre que por un lado es un poema "sentencioso, de llana sabiduría popular, manifestado por la extraordinaria abundancia de reflexiones morales prácticas versificadas con entera naturalidad;"[12] y por otro que los discursos Ramos–Girón son antítesis que se complementan desde el mensaje; aunque las direcciones y pretensiones sean distintas.

El principal valor de esta obra consiste en ser la primera donde aparecen reflejadas la historia y la vida del hombre cubano de aquella época. Su carácter histórico nos pone en contacto con temas propios de la existencia colonial en el siglo XVII: el comercio de rescate, los asaltos de los piratas, la fidelidad a la monarquía española, el sentimiento religioso que los hace luchar contra los piratas, no sólo porque son enemigos de España, sino también porque son herejes luteranos enemigos de la religión que se sustentaba en la Isla de Cuba. Lo que hace interesante la lectura de esta primera obra literaria es el conjunto de descripciones llenas de colorido, el tratamiento imparcial de la valentía de ambos contrincantes, el afán del poeta por mostrar su cultura grecolatina mezcladas con los conocimientos de flora y fauna de nuestro país, aunque desde el punto de vista formal el poema no alcanza la altura del tema que expresa.




Notas

  1. Trabajo presentado al Simposio Nacimiento de la Imagen Literaria Cubana, Camagüey 2008.

  2. Cintio Vitier: Prólogo, p. 15.

  3. Cfr. Cintio Vitier: Prólogo al libro Espejo de paciencia. El Príncipe Jardinero y Fingido Cloridano. La Habana, Instituto Cubano del Libro, Editorial Arte y Literatura, 1975, p. 15.

  4. Apud. Cintio Vitier: Op., Cit., p. 22.

  5. Su prologuista fue Francisco de Paula Coronado, quien sólo menciona en ocasiones a Espejo..., mientras eleva el peso de sus reflexiones hacia Historia...

  6. Cfr. Comentario sobre espejo, de Echeverría; Prologo del Parnaso Cubano de Antonio López Prieto y Estudio sobre movimiento científico y literario de Cuba de Aurelio Mitjans.

  7. Grupo compuesto por Silvestre de Balboa y los sonetistas laudatorios Capitán Pedro de las Torres Sifontes, Alférez Cristóbal de la Coba Machiaco, Bartolomé Sánchez, Juan Rodríguez de Sifuentes, Antonio Hernández el Viejo y el Alférez Lorenzo Laso de la Vega y Cerda.

  8. Que es visto de otra manera más juiciosa por Cintio Vitier y por José Lezama Lima; el primero supone que Silvestre de Balboa lo tomó de las letanías de San José: Speculum patientae, mientras que el segundo en su obra Introducción a un sistema poético, plantea que ese título es una fascinación mágica.

  9. Cintio Vitier: Prólogo al libro Espejo de paciencia, p. 35.

  10. Felipe Pichardo Moya: Estudio crítico, en Espejo de paciencia, edición fascímil y crítica a cargo de Cintio Vitier, La Habana, Seaone. Fernández y Cía. S. en C. Impresores, 1962, p. 27.

  11. Cintio Vitier: Prólogo al libro Espejo de paciencia, p. 42.

  12. Ibídem, p. 44.







Página enviada por Eliécer Fernández Diéguez
(5 de enero de 2009)


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