Cuba

Una identità in movimento

Propagación del culto a los orisas en Estados Unidos. ¿Venganza de las divinidades africanas? (Parte I)

Jesús Fernández Cano



El culto a los orisas, o divinidades del panteón yoruba, cuya variante cubana es conocida como religión lucumí, yoruba, ocha, o santería, presenta en la actualidad una paradoja. A pesar de ser una religión de origen africano y que su práctica aparece a los ojos de los occidentales como primitiva e imbuida de magia y superstición, consigue instalarse en medio de la sociedad más desarrollada del mundo occidental. La dureza de la iniciación, el gran esfuerzo que requiere su aprendizaje y el coste económico de esta religión, son enormes, y sin embargo su poder de atracción aumenta a pesar de que no se realizan labores de proselitismo. Cabe preguntarse, por tanto, qué es lo que ofrece esta religión a sus practicantes para que estén dispuestos a pagar tan alto precio. Es de suponer entonces que cubre unas necesidades y que las compensaciones son lo suficientemente atractivas como para que continúe propagándose, ante la perplejidad de una sociedad que no comprende fácilmente que incluso personas de elevado nivel educativo practiquen una religión de características tan particulares a los ojos occidentales. A pesar de la discreción con que se lleva a cabo la práctica de la religión lucumí, es evidente que el número de sus practicantes se ha incrementado notablemente en los últimos años.

En Estados Unidos y más en concreto en Florida, el grueso de los que integran la religión lucumí son cubanos, muchos de los cuales no habían tenido relación con ella. Aun así, lo normal es que tuvieran algún conocimiento de sus mitos, hubieran asistido a alguna de las fiestas y ceremonias permitidas a los no creyentes, o en último caso, identificaran esta religión como algo propiamente cubano.

También otros latinoamericanos van integrándose en la religión, especialmente portorriqueños. Se podría distinguir entre los latinoamericanos a dos grupos: los que provienen de áreas con influencia afro, como son los países caribeños, que ya arrastran cierto conocimiento y están más familiarizados con los remanentes de las culturas que dejaron los antiguos esclavos, y los que provienen de áreas con influencia de las culturas indígenas. Ambos grupos han estado en contacto con un tipo de creencias transmitidas oralmente a través de generaciones, que les permite aceptar más fácilmente la interconexión con el mundo espiritual y ciertos fenómenos no explicados por la ciencia moderna, así como tener un concepto amplio de lo que es religión. De ahí que acepten e incorporen sin mayor problema aspectos de otras creencias que sean similares o complementarias de las que ellos tienen.

Otro grupo que se va acercando paulatinamente al culto a los orisas es el de los afroamericanos. Ello no es de extrañar si se piensa que se les obligó a renunciar a cualquier expresión de su herencia cultural, incluida la religión, canalizando su espiritualidad hacia el protestantismo principalmente. De este modo, llegaron a crear un nuevo tipo en Estados Unidos, en el que cantan, bailan, son poseídos (por el Espíritu Santo, naturalmente) y hasta hablan en lenguas, lo cual no es si no una forma de expresión africana con formas aceptables para la sociedad en que se encuentran. Los afroamericanos que pasan a formar parte del culto a los orisas, buscan normalmente una vuelta a sus raíces, yendo directamente a iniciarse o a adquirir conocimientos y atributos con los yoruba de Nigeria. Un grupo de ellos formó en Carolina del Sur el pueblo de Oyotunji, donde se trata de reproducir un ambiente yoruba, practicando la religión de los orisas y vistiendo ropas africanas. No obstante, cada vez es más frecuente encontrar afroamericanos entre las familias religiosas cubanas.

También hay anglosajones que están pasando a formar parte de esta religión. Algunos dentro de una familia religiosa de cubanos y otros formando su propia familia. En ocasiones, surgen ciertas tensiones cuando algún anglosajón comienza a dar muestras de no estar de acuerdo con los parámetros religiosos de los cubanos en aspectos como el secreto o el respeto a la tradición (como la comprenden los cubanos), lo que no significa que todos los cubanos sean respetuosos con ella.

Vemos entonces que la religión se extiende a pesar de la actitud poco comprensiva que muestra una sociedad como la norteamericana regida por una cosmovisión protestante. Al principio fue en Miami, Nueva York, Nueva Jersey y Los Angeles donde existía una mayor concentración de cubanos, pero paulatinamente fueron apareciendo casas religiosas y botánicas (tiendas donde se puede adquirir todo lo necesario para la práctica de la religión) por muchos otros estados de la Unión. De todos modos, es del todo imposible hacer un cálculo aproximado del número de practicantes, ni siquiera en base al número de botánicas existentes y el volumen de ventas que se realiza en ellas, puesto que muchas personas en dificultades acuden a que les consulten el oráculo y ofrecen sacrificios y ofrendas para la superación de sus problemas, y sin embargo no se les puede considerar religiosos. Se ha tratado de calcular el número de practicantes en Estados Unidos en base a estudios, con resultados dispares que van desde los 22.000 que calcula The City University of New York (ejemplo de una mala investigación), hasta varios millones, lo que muestra la dificultad de la empresa, ya que pocos santeros admiten en público su religión.

En base al fenómeno, un tanto inverosímil, que se observa en una sociedad como la estadounidense, y poniendo un poco de imaginación, la propagación de esta religión podría comprenderse como una venganza de los orisas africanos contra la sociedad occidental. Efectivamente, tras sufrir la esclavización de millones de personas durante varios siglos y soportar la colonización del continente africano por varias décadas, su religión se incrusta en el corazón de occidente de forma silenciosa, ayudando a miles de personas a contrarrestar las dificultades de la vida en una sociedad dominada por la modernidad, la ciencia y la tecnología. Todo ello sin acudir al proselitismo, en contraposición a la actitud agresiva que muestran otras religiones como el islam, el catolicismo o las denominaciones protestantes de corte fundamentalista.

Vemos así cómo a comienzos del siglo XXI, cuando más irresistible que nunca parece la marcha frenética hacia la modernidad en las sociedades occidentales, cuando el ser humano piensa que puede controlar y dominar su entorno minimizando o eliminando a Dios, es ahora, cuando una religión como el culto a los orisas y ancestros, trabajando en un nivel semioculto, irrumpe en medio de la sociedad más avanzada del mundo y va atrayendo adeptos sin utilizar reclamo alguno.

Este hecho no deja de llamar la atención por ser una religión traída por los esclavos al continente americano, los cuales, apenas fueron considerados socialmente. Por otra parte, la práctica de una religión en la que la relación con los espíritus es constante, se realizan sacrificios de animales, se consultan oráculos, se bailan ritmos africanos, y en muchos casos, se experimentan posesiones, amén de utilizar un lenguaje africano en las oraciones y en los cantos, no parece que sea muy compatible con la modernidad, racionalidad y pragmatismo que caracterizan nuestra época.

Los países europeos colonizaron el continente africano repartiéndoselo con arreglo a su peso internacional tras haber esclavizado a millones de africanos durante siglos. Y no solo explotaron sus recursos, si no que pusieron gran empeño en reducir las sociedades tradicionales a la nada por medio de la destrucción sistemática de sus culturas y creencias. De esa labor se encargaron encomiablemente los misioneros, tanto católicos como protestantes, que posteriormente han venido a rematar con mucho fervor las iglesias fundamentalistas de Estados Unidos.

Las sociedades tradicionales de la costa occidental africana se basaban en clanes y linajes con un destacado sentido social, que resultaban fundamentales para la supervivencia de las innumerables etnias. El desbaratamiento de sus estructuras sociales y creencias religiosas por los europeos, vino a dejarlos en un estado psicológico caracterizado por una baja autoestima, cuando no de autodesprecio, por haberles imbuido la idea de que eran pueblos muy primitivos a los que no les quedaba más remedio que despojarse de su bagaje cultural e imitar los sistemas europeos mucho más civilizados. Así es como hicieron dejación de sus sistemas sociales, creencias y costumbres, íntimamente ligados entre sí, pasando a un estado de caos social tras adoptar aspectos culturales ajenos, proceso que todavía no han podido superar.

Con sus estructuras sociales tradicionales desbaratadas, sus sistemas económicos reconfigurados para servir las necesidades occidentales, y especialmente con la colonización mental a que fueron sometidos, el problema identitario fue mayúsculo. De este modo, cuando se les empezó a conceder la independencia a mitad del siglo XX, todo un conjunto de etnias se vieron repartidas por sus colonizadores en una serie de países ficticios, reuniendo bajo cada uno de ellos, etnias que en muchos casos no tenían mucho en común. La tragedia que siguió a estos acontecimientos todavía la están pagando en forma de guerras étnicas, dictaduras, matanzas, hambrunas y pobreza, pillaje, explotación neocolonial y otras características propias de países subdesarrollados.

Las religiones de todos estos pueblos casi han desaparecido como en el caso de los yoruba, quienes se vieron invadidos primero por el islam y más tarde por todo tipo de misioneros occidentales. Fue así como pasaron de rendir culto a sus ancestros y orisas a practicar unas religiones cuya ideología se contraponía a sus culturas tradicionales. Este es el motivo por el cual hay que acudir a América, Brasil y Cuba especialmente, si se quieren reconstruir algunos de los aspectos de las prácticas religiosas originales de los yoruba.

La religión lucumí de Cuba y ahora extendida a otros países, el candomblé y la umbanda en Brasil, el culto a Xangó en Trinidad, o el vudú en Haití, tienen una misma base, que es el culto a los orisas y ancestros. Por supuesto hay variaciones entre ellas, pero vendrían a representar las mismas que existen entre católicos, cristianos ortodoxos, anglicanos y cualquiera de las denominaciones protestantes. Esas variaciones están en función de la influencia ejercida en sus orígenes americanos por las diferentes etnias que comenzaron las prácticas religiosas en América, y también de las adaptaciones que se vieron obligados a implementar con el fin de hacerlas sobrevivir en un ambiente de incomprensión y persecución.

Como todas las religiones de las sociedades ágrafas, los mitos transmitidos oralmente y reproducidos en los rituales del culto a los orisas eran aceptados como verdades inamovibles. Los personajes mitológicos estaban divinizados, creyéndose que algunos de ellos habían vivido en la tierra y fundado los primeros clanes. En el caso de los yoruba, se consideraba que a partir de la cuarta generación hacia atrás de familiares fallecidos ya eran ancestros. Para ellos, la jerarquía entre los espíritus comenzaba en aquellos orisas o espíritus divinizados que formaban el panteón mitológico yoruba, continuaba por los orisas de cada clan o ancestros comunes, para seguir por los ancestros familiares, y terminaba con los fallecidos recientes. A todos ellos se les rendía veneración según su importancia, pero muy por encima de todos ellos estaba Olodumare, el Ser Supremo, demasiado poderoso y elevado para andar molestándolo, de ahí que los orisas fueran utilizados como transmisores de su voluntad. Los orisas principales representaban las diferentes energías perceptibles en el mundo, y a ellos se acudía para solicitar el beneficio de alguna de ellas o para aplacar sus efectos devastadores.


El culto a los orisas

Centrándonos en la religión lucumí, variante del culto a los orisas practicado por los yoruba, ciertamente se llevan a cabo sacrificios de animales, pero ello no tiene nada de particular. En todas las religiones se han practicado, y su significado no se relaciona con crueldad o barbarismo, ya que el simbolismo de la sangre está referido a la vida como lo más preciado por el ser humano. Es la forma de representar el flujo vital. Con los sacrificios se trata de mantener con vida de forma simbólica a divinidades y ancestros. Se les ofrecen sacrificios y ofrendas y se les consulta por medio de los oráculos, lo cual es una forma de mantenerlos vivos. A cambio, ellas aconsejan y guían a los humanos, sus hijos y protegidos, a través de la respuesta de los oráculos especialmente, los cuales se interpretan con la ayuda de los odu, también llamados letras o signos. Estos son conjuntos separados de versículos escritos a modo de parábolas, que en número de doscientos cincuenta y seis, forman un cuerpo de conocimientos conocido como Ifá, que representa para esta religión lo que el corán o la biblia significan para el islam o el cristianismo. Cada odu está compuesto por muchos versículos o patakís en los que se narran hechos acontecidos a los orisas, los cuales servirán de ejemplo y guía a los creyentes. Cuando se realiza una consulta oracular se saca un odu, que puede ser además positivo o negativo yque refleja la situación actual del consultante. Lo que en realidad está marcando el odu es el acercamiento o distanciamiento de la persona respecto a su destino, acordado antes de reencarnarse en la tierra. Si hay desviación, se llevará a cabo lo que determine el oráculo para corregir la situación, lo cual comprenderá desde limpiezas a ofrendas y sacrificios. Lo curioso es que habiendo ocurrido estas historias en tiempos remotos, los especialistas son capaces de buscar equivalentes a las situaciones actuales. De esta manera, creyentes y consultantes son guiados por los espíritus.

Los sacrificios también son utilizados para pedir los favores de los orisas. Los creyentes de esta religión creen en el destino, el cual han pactado con Olodumare previamente a su reencarnación, y cuando el oráculo señala algo negativo en el camino, existe la posibilidad de reconducirlo, aunque no siempre, evitándolo o disminuyendo sus efectos. En el primer caso se lleva a cabo mediante la rectificación de la conducta propia, algo en lo que se insiste siempre, ya que una conducta desviada provoca la pérdida del ashé o poder emanado de Olodumare, lo cual significa perder los favores divinos. También es posible por medio de la ofrenda de sacrificios a los orisas, intentar conseguir sus favores, algo en lo que suelen caer muchas personas que comprenden esta religión como un instrumento utilizable en beneficio propio para fines materiales. Los religiosos que manejan los oráculos siguen este juego interesado de algunas personas porque consideran que deben ayudar a todo el que lo solicite, pero avisan (los que son honestos) de que toda conducta no correcta se termina pagando y que de nada sirven los sacrificios que tratan de "comprar" a los orisas sin seguir los preceptos de la religión. La posibilidad de solicitar lo que se desea queda abierta, aunque se trate de cosas poco aceptables desde el punto de vista religioso, pero siempre existe la oportunidad de rectificar por medio de los consejos derivados de los odu que surgen de las consultas .

Dejando las formas a un lado, esta religión no se diferencia en gran manera de otras que se consideran más universales, excepto por el hecho de que existe una interrelación constante entre los creyentes y espíritus y divinidades, donde los primeros solicitan ayuda de los segundos en todo momento para ir sorteando los obstáculos de la vida, con lo cual queda teñida de una instrumentalidad que hace opacar otros aspectos que podrían considerarse más religiosos.

La creencia en la reencarnación consiste en que la consciencia propia u orí, que se encuentra en el Orun (ámbito espiritual, en ocasiones mal traducido como cielo), se desdobla y aparece en el plano terrenal encarnandose en un cuerpo con el fin de cumplir el destino pactado con Olodumare. El objetivo durante la vida en el plano material es hacer méritos para refinar el espíritu y poder seguir el camino hacia la divinización. En esa tarea se recibe ayuda de un orisa que se asienta sobre el orí, y también por medio de los oráculos que van marcando el rumbo a seguir. Es así cómo se puede conseguir el ashé o vibraciones divinas que permitan llevar una trayectoria correcta en la vida y alcanzar la meta anteriormente establecida. Con el fin de garantizarse una mayor ayuda y protección, los lucumís reciben un orisa principal y unos cuantos más suplementarios. Con este orisa guía, que influencia el perfil psicológico del creyente, se establece una relación íntima de la que se espera ayuda y protección constantes. No obstante, no sabemos bien si por el énfasis apuntado de la instrumentalidad que parece desvirtuar la religión lucumí, como ya ocurría entre los yoruba, según Idowu Bolaji apuntaba en su estudio sobre la religión yoruba en Nigeria, la escatología no parece ser una preocupación importante entre los lucumís, quienes suelen acercarse a la religión en busca de solución a sus problemas. Sí se les puede escuchar decir que tras su muerte, esperan ser venerados y escuchados por sus ahijados en la religión. En cualquier caso, la finalidad última de los creyentes es llegar al orun con el mayor grado posible de elevación espiritual, pero para ello hay que cumplir en la tierra toda una serie de requisitos. Conseguir en la tierra los méritos suficientes para que el espíritu consiga ese refinamiento, solo se logra por medio del ashé, que todos los creyentes tratan de conseguir, siendo la ceremonia de iniciación la forma principal de hacerse con él, y desarrollando iwá pelé o buen carácter moral. Obtener el ashé implica también merecerlo, y para ello hay que actuar de acuerdo a las normas y preceptos dictados por los orisas, así como cumplir con todas las prohibiciones que ellos señalan. La consecución del ashé, representará un beneficio espiritual que se verá reflejado en la vida material y cotidiana aunque ese no sea el fin último.

La religión lucumí consiste de este modo en una interacción constante con los espíritus, que va más allá de una simple veneración, puesto que para los creyentes estos espíritus están siempre presentes y tienen la capacidad de cambiar el rumbo de los acontecimientos. Son tres las clases de espíritus que reciben veneración por parte de los creyentes:

  1. los orisas o divinidades que se encuentran más cerca de Olodumare y que se relacionan con las fuerzas de la naturaleza;
  2. los ochas o espíritus divinizados de personajes mitológicos de la cultura yoruba;
  3. los ancestros familiares, en los que se pueden incluir a los antepasados en la línea de ascendencia religiosa. Orisas y ochas, resultan ser unas entidades que, aunque invisibles, detentan la capacidad de actuar por medio de unos poderes extraordinarios que emanan de Olodumare, Ser Supremo del que depende el universo. Es precisamente esta interacción con los espíritus, dejando a un lado (aparentemente) al Ser Supremo, lo que llevó a algunos estudiosos occidentales a calificar esta religión y otras africanas como politeístas, lo cual no es cierto en el caso que nos ocupa. No obstante, es muy fácil para muchos creyentes caer en una práctica utilitaria, debido a la capacidad disponible de poder solicitar cualquier cosa de los orisas, hecho difícil de corregir si los neófitos no son instruidos adecuadamente, ya que esta religión se basa en la práctica privada aunque se dependa siempre del padrino o madrina que ha iniciado en la religión, lo cual conlleva cierto aislamiento y una efectiva falta de control sobre la forma en que se transmite la religión.


El coste de la religión lucumí

Existen una serie de aspectos dentro de esta religión que suponen para los creyentes todo un esfuerzo para llevarla a la práctica y que aparentemente realizan con gusto. Esto es lo que hace que ser lucumí, a diferencia de otras religiones en las que solo se requiere cumplir ciertas formalidades, represente tener que dedicarle mucho tiempo, trabajo, dinero, e interés por aprender, por ser ésta una práctica religiosa muy exigente con los que en ella ingresan. Con el transcurso del tiempo se va poniendo de relieve quiénes son los verdaderos creyentes, independientemente de que asistan a muchos eventos religiosos o inviertan mucho dinero en implementos y ceremonias.

Los aspectos más destacados, que en nuestra opinión implican un elevado coste son:


1. Aceptación y asimilación de formas y cosmovisión africanas

A pesar de que los cubanos están, en mayor o menor medida, familiarizados con ciertos aspectos culturales heredados de los esclavos africanos, viven de hecho en una sociedad como la estadounidense, que representa el paradigma por excelencia de la modernidad y la cosmovisión del mundo occidental. Ingresar en esta religión supone la aceptación y apropiación de toda una forma de entender el mundo, tanto material como espiritual, donde la práctica de los rituales es solo la forma externa del asunto. De entrada, hay que aceptar que la vida está regida por esa relación intensa que se da con los espíritus. Que en el caso de los orisas, no son los espíritus de los antepasados propios. Dejando de lado los espíritus de los familiares a los que se debe veneración, los orisas son espíritus africanos que se comportan como tales cuando "montan", es decir poseen a los creyentes. Es necesario entonces desarrollar una empatía hacia ellos, puesto que si no fuera así no sería posible convertirse en un creyente. Hay que aceptar los mitos y los consejos derivados de los oráculos, que, naturalmente, denotan la forma de pensar de los africanos.

Quizá una de las formas que más impresión pueda producir a los que no practican esta religión sea la de los sacrificios, ya que no solamente se matan los animales, sino que debe realizarse de forma ritual y echando la sangre sobre los fundamentos religiosos, que no son más que la representación material de los orisas, que de esta manera reciben el flujo vital que los mantiene con vida y accesibles. Los creyentes denominan este acto como "darles de comer", lo cual es bien explícito de la intención de los sacrificios. En los rituales, representaciones y parafernalia empleada en la práctica religiosa, es común el uso de elementos de origen africano como cocos, campanas, collares, plumas, calabazas, copias reducidas de utensilios africanos, etc., aunque bien es cierto que con frecuencia se los va fabricando con una apariencia más acorde con la estética occidental. Desde luego, es necesario aprender a bailar con movimientos de bailes africanos, conocer los diferente ritmos que marcan los instrumentos heredados de los yoruba, y aprender a rezar en una lengua que ya no corresponde totalmente a la utilizada en Nigeria.

A través de las formas externas de la religión es perceptible el grado de asimilación que los creyentes tienen de esta religión. Los hay que en sus vestimentas apenas dejan entrever la africanidad, mientras otros por el contrario, parecen sentirse realizados tras la adopción de la estética, bailes y comportamiento más africano. Algo que llama mucho la atención cuando se asiste a un tambor o un güiro, ceremonias que sirven para homenajear a los orisas por medio de canciones y bailes, es que los lucumís de Florida pocas veces se "suben" o son "montados" por un orisa, y cuando ocurre, algunos procuran enseguida salir del trance, muchas veces ayudados por alguno de los presentes. Posiblemente este hecho esté relacionado con un sentimiento de cierta vergüenza por estar viviendo en una sociedad que no es receptiva con esta religión. Hemos detectado algunos practicantes que no se sienten ni muy cómodos, ni muy identificados con las apariencias y algunas prácticas de corte africano. De hecho la mayoría no porta collares o algún otro signo que los identifique con la religión lucumí incluso en las ceremonias religiosas, y aunque vistan de blanco, la imagen que ofrecen no es relacionable con una estética africana.

En cuanto a la cosmovisión africana, la práctica de esta religión implica aceptar ciertas concepciones. El sometimiento a la autoridad y guía de los mayores (que aquí son los padrinos y madrinas dirigentes de la casa religiosa a que se pertenece). El sentirse componente de un grupo compacto religioso (la propia familia) con el que se practica cierta forma de intercambio. Venerar los espíritus de los ancestros y relacionarse con ellos por considerarlos presentes y con capacidad de ayudar. Mostrar esplendidez en los rituales con las ofrendas o la contribución que se hace. Y por supuesto aceptar las concepciones del culto a los orisas, lo cual implica reproducir los conceptos sociales que manejaban los yoruba, ya que su religión estaba bastante antropomorfizada, es decir que reproducían en su religión el funcionamiento y la concepción de su sociedad.


2. Determinación de la vida por la religión

Practicar la religión lucumí es algo muy diferente, por ejemplo, de ser católico y dejarse ver por la iglesia durante media hora un día a la semana. En primer lugar están los rezos diarios. Después de levantarse hay que saludar a los ancestros, al orisa que se ha recibido como ángel de la guarda y a los que se ha recibido como complemento, y por supuesto a Olodumare como deidad suprema. Si se va a tomar alguna decisión importante en el día con posible trascendencia, se consultará normalmente antes de la elección. Por otra parte, se debe acudir a casa del padrino o madrina y tener deferencias con ellos y mostrar respeto por su orisa, ya que ellos han "nacido" de él; en caso de consultarles o realizar algún tipo de "trabajo" o ebó, se deberán pagar los derechos correspondientes, independientemente de que cada vez que alguien de la misma familia religiosa ofrezca algún tipo de celebración se tendrá la obligación, no solo de acudir, sino de cooperar en la puesta a punto. Cada vez que se celebra el cumpleaños de santo, es decir, en cada año el día en que se fue iniciado, se celebra normalmente una fiesta con decenas de invitados que puede llegar a costar fácilmente dos mil dólares si es amenizada con un tambor de fundamento, y dos días de preparaciones entre rituales, comidas, montaje del trono, compras, limpiezas, habilitación del espacio, etc. Las actividades religiosas, son bastante frecuentes, especialmente en las casas religiosas con muchos ahijados(as) y se celebran normalmente los fines de semana. Ciertos rituales requieren la colaboración de varios religiosos(as) un día o dos antes del comienzo, dándose a veces jornadas en las que se comienza con las actividades a las ocho de la mañana y se termina a las diez de la noche, como es el caso de cierto día durante las iniciaciones que normalmente duran una semana. Es decir, que la actividad religiosa, si se cumplen los preceptos y se es un religioso de verdad (en esta religión estar iniciado equivale a ser sacerdote), consume bastante del tiempo y la energía del creyente, amén del esfuerzo económico que supone. Dejando de lado la ardua tarea de aprender rituales, canciones bailes, mitología y preceptos, la determinación que en nuestra opinión puede afectar más, es la que resulta de la creencia en el destino y la intervención de los espíritus en la vida de cualquier creyente.

Desde el momento en que se piensa que los errores cometidos en la conducta, y que apartan del destino asignado, se pueden corregir siguiendo los dictados y consejos de los orisas, los oráculos pasan a representar un papel fundamental en la religión, ya que ayudan a corregir el desbalance producido por una forma desviada de obrar. El balance lo reestablece el ashé que se obtiene por medio de acciones, ritos y ceremonias, y siguiendo los preceptos dictados a través de alguno de los sistemas oraculares. Las recomendaciones desprendidas de su lectura, estarán en correspondencia con la gravedad del asunto y podrán ir desde la limpieza de la persona hasta sacrificios de animales, los cuales se ofrecerán a alguno de los orisas. Aunque los consejos suelen empezar por el cambio de conducta de la persona que se consulta, hay personas que suelen caer en la tentación de querer arreglar los problemas ofreciendo sacrificios en una especie de intercambio comercial con los orisas. Esto, como ya señaló el estudioso yoruba Idowu Bolaji, es una corrupción de la religión que ya ocurría en Nigeria. En cualquier caso, los lucumís cubanos muestran una total dependencia de los sistemas oraculares. Las predicciones guían sus vidas y confían ciegamente en sus resultados, al punto de que muchos de ellos no toman decisiones importantes en su vida diaria si no han sido refrendadas por el oráculo.


3. Supeditación a un padrino o madrina

No existe otra forma de ingresar en la religión que no sea elegir un padrino o madrina, quien se encargará de guiar, aconsejar, instruir y eventualmente consultar el oráculo para el/la aspirante. La aparición de estas figuras y sus funciones surgieron de la sustitución que tuvieron que realizar en Cuba, y otras partes de América, los primeros africanos. Fue así como crearon familias religiosas que reemplazaron en el aspecto religioso la función de los clanes a los que habían pertenecido, ya que su religión estaba basada en el culto a los ancestros, y éstos lo eran del clan, que en realidad era su verdadera familia. Padrinos y madrinas vinieron a retomar el papel que tenían los mayores en la cultura yoruba. Como mayores que son, deben de ser respetados por todos sus ahijados, porque llevan más tiempo en la religión y se les supone mayor conocimiento, el bien más apreciado entre los creyentes debido a lo difícil y complicado del aprendizaje de ésta. Los problemas aparecen, cuando en un padrino (o madrina) se da falta de honestidad, no enseña lo suficiente, o tiene el ego muy grande y trata con arrogancia a sus ahijados y aspirantes, debido a que un padrino o madrina es para siempre y se tiene la obligación de interactuar con ellos y el resto de la familia religiosa. De vez en cuando se dan desavenencias e incluso rupturas, y una situación no muy agradable aparece cuando un padrino/madrina se traslada a residir en un lugar lejano, algo que entre los cubanos no es extraño. Este tipo de problemas parecen ser los más frecuentes con el aumento de creyentes y la aparición de oportunistas que convierten la religión en una forma de ganarse la vida, haciendo de ello su objetivo primordial. Así, para estas personas, participar en rituales y ceremonias, y consultar a quienes tienen problemas y buscan explicación y solución a sus problemas, pasa a ser una prioridad con el fin de explotar la capacidad de cobrar los derechos correspondientes. Algunas personas ajenas a esta problemática que se acercan de buena fe, suelen ser víctimas de estos desaprensivos que desprestigian la religión.


Parte I — Parte II


    Jesús Fernández Cano
    es Antropólogo social por la Universidad de Costa Rica
    y doctorando en la UNED
    (Universidad Nacional de Educación a Distancia), España.



Fuente: http://www.cecta.net/editorial.htm


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