Cuba

Una identità in movimento


Pasaje de la vida real de un sistema derrotado en Cuba el primero de enero de 1959

Wilkie Delgado Correa


Para entender un proceso revolucionario verdadero hay que conocer los momentos que transcurrieron desde las tinieblas de la explotación y la tiranía hasta las auroras de la Revolución. Los protagonistas son hombres, mujeres y niños inmersos en una realidad social que incita a la lucha por su liberación y felicidad. En ese medio hostil, con sus diversos matices, se define la vida del hombre común con la carga existencial y sus atisbos de rebeldía, las decididas acciones de los luchadores clandestinos y de los guerrilleros, las vivencias de los niños y jóvenes crecidos por el combate circundante, los sueños y batallas de todos. En fin se desarrolla el heroísmo de la gente del pueblo enfrentada a una lucha de vida o muerte contra sus enemigos. Al cabo de la larga trayectoria recorrida, más allá del llanto y la sangre, emerge con fuerza incontenible la visión de la victoria anunciada simbólicamente por un gesto valeroso o una sonrisa.

Como se refleja en una novela de Hemingway,


"... si no has visto nunca el comienzo de una Revolución en un pueblo pequeño, en el que todos se conocen y siempre se han conocido, no has visto nada".


La visión sobre el sistema derrotado por la Revolución Cubana el primero de enero de 1959 tiene muchos matices, uno de los cuales es el ignominioso de la violencia y la muerte. Hoy parece tan distante, después de cincuenta años, que algunos piensan que se puede olvidar y, quizás, hasta perdonar, en una época en que la mayoría de la población cubana nació después del triunfo de la Revolución y, por lo tanto, no conoció aquella experiencia atroz. Pero esto no es agua pasada, pues hay que tener presente que el Plan de Transición para Cuba diseñado por el gobierno de Bush y que se está aún implementando dentro de lo que le es posible al imperio, contempla claramente el retorno al pasado sistema derrotado en Cuba, y anuncia sin duda alguno un precio adicional: el de la revancha. ¿Lo echará a la basura el nuevo presidente Obama?

Cualesquiera sean las decisiones y circunstancias, conviene no perder la memoria ni los recuerdos, pues a quienes no conocieron aquellos acontecimientos, con sus experiencias trágicas, no pueden valorar con justeza la vida real de aquel sistema cuando estaba en su máximo apogeo de crueldad y que era, a la vez, su estado subyacente de agonía y estertor, hasta ser finalmente aniquilado por la voluntad y la lucha del pueblo cubano.

Por tanto, a modo de un pasaje de aquella época extinguida debemos decir estrictamente como eran las cosas. ¿Para qué mentir? Hay que reflejar las cosas tal como fueron. Así que imagínese, estimado lector, que un día te sacan de la casa. Apenas te dan tiempo para vestirte. Te empujan al camino. Te sientes nada mientras caes de bruces en la tierra. Te insultan groseramente. Oyes los gritos un poco lejanamente. El estupor no te permite ver claramente la situación. En un instante tu mirada encuentra a las de una apartada multitud alineada junto a una cerca de púas. Los soldados armados contienen al grupo. Te agarran por el hombro, te sacuden y de un empujón te integran con los civiles. Oyes los gemidos de las mujeres, los llantos de los niños. Te estremeces. Por primera vez en este suceso, tienes oportunidad de emocionarte. Vas entendiendo en medio del marasmo. Poco a poco desaparece el aturdimiento. Tu mente se aclara. Analizas la situación. El grupo de vecinos sigue arrinconado junto a la cerca. El sol molesta con su resplandor. Los soldados vigilan en formación de hilera.

Sudan. Sus rostros miran agresivos. Se mueven. Andan avispados. Prosiguen los registros. De nuevo se escuchan los gritos, los insultos.

Traen a otras personas. Dan patadas, culatazos, empujones, gritos, dicen malas palabras, amenazas. El sol continúa molestando. De una casa traen al boticario. La camisa desabotonada flota como una bandera. Camina con la cabeza levantada. Pasa escoltado entre cinco soldados. Continúan de largo por el camino. La gente los mira. "Fuego", exclaman las mujeres. "Fuego", repite la gente que se intranquiliza. Empezando en la farmacia, el fuego se extiende por el caserío. Las llamaradas rojas se tragan los esfuerzos de los hombres que permanecen contra la cerca. Después se escuchan los disparos y se tiene la certeza de que el boticario ya es un cadáver. Las llamas destruyen los cimientos del poblado.

Los soldados tienen los rostros congestionados. Sudan; se transmiten órdenes y más órdenes. Prosiguen la persecución... Para qué seguir...

Te digo que aún no conoces nada de aquel sistema derrotado por la Revolución en Cuba el primero de enero de 1959.




    Wilkie Delgado Correa
    Doctor en Ciencias Médicas
    Profesor Consultante y Profesor de Mérito del Instituto Superior de Ciencias Médicas
    Escritor y periodista





Página enviada por Pedro Gellert
(7 de enero de 2009)


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